Christovam Barcellos y el desafío de armonizar los datos en clima y salud

Christovam Barcellos es investigador de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), una institución que asesora al Ministerio de Salud de Brasil en materia de educación, investigación y desarrollo tecnológico. Coordina el Observatorio de Clima y Salud, que lleva más de 15 años funcionando con la misión de monitorear los impactos del clima en la salud y desarrollar estrategias de adaptación para hacer frente al cambio climático.

También es coinvestigador principal del Proyecto Harmonize, junto con los coinvestigadores principales de la Universidad Cayetano Heredia (Perú), la Universidad de los Andes (Colombia) y el Instituto Dominicano de Meteorología (República Dominicana). El Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global es socio de este proyecto liderado por el Barcelona Supercomputing Center y financiado por Wellcome Trust.

En una entrevista disponible aquí, Barcellos compartió sus experiencias con el IAI. «Todo lo que ocurre en el clima y el ambiente se refleja en la salud», afirma Barcellos, «pero a menudo de forma indirecta y tardía, mediada por factores sociales y económicos. Esa complejidad es lo que hace que este trabajo sea tan desafiante y tan necesario».

Harmonize: tender puentes entre los datos climáticos y sanitarios 

El proyecto Harmonize nació de una idea sencilla, pero ambiciosa: crear un lenguaje común entre disciplinas que rara vez se comunican entre sí. La salud, el clima, el uso del suelo y la economía suelen funcionar de forma aislada, pero sus interacciones determinan la vida de millones de personas. Harmonize pretende romper esas barreras integrando los datos y los conocimientos de estos campos, convirtiendo la información fragmentada en conocimientos útiles para la salud pública y la adaptación al clima.

Para Fiocruz, la principal institución de investigación sanitaria de Brasil, el proyecto abrió un nuevo capítulo en la colaboración internacional. En alianza con socios como el Barcelona Supercomputing Center y el Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global, Fiocruz aceptó el reto de desarrollar modelos predictivos y sistemas de alerta temprana que pudieran anticipar los riesgos antes de que se agraven. No se trata solo de tecnología, sino de crear un marco en el que la ciencia sirva a las comunidades en tiempo real.

Impacto regional desde Brasil hasta los Andes y el Caribe 

En Brasil, Harmonize se centra en dos paisajes contrastantes que revelan la diversidad ecológica y social del país. El primero es la cuenca del Amazonas, a lo largo del bajo río Tocantins, donde la enfermedad de Chagas se ha convertido en una preocupación apremiante. Sorprendentemente, su transmisión está relacionada con el cultivo del açaí, una fruta que sustenta las economías locales. El segundo es el noreste semiárido, en el estado de Paraíba, donde las sequías prolongadas afectan la disponibilidad de agua y amplifican la propagación de enfermedades transmitidas por vectores. Estas regiones no están muy alejadas geográficamente, pero representan realidades radicalmente diferentes —una selva amazónica y un interior seco— lo que subraya la necesidad de enfoques integrados como One Health, que considera la salud humana, animal y ambiental como interconectadas.

Más allá de Brasil, Harmonize ha propiciado intercambios con Colombia, Perú y la República Dominicana. Estas colaboraciones revelan retos comunes, como el acceso limitado a los datos sanitarios, y oportunidades compartidas, como la disponibilidad de información medioambiental. También ponen de relieve la diversidad de América Latina —desde los Andes hasta el Caribe y el Amazonas— y la necesidad de soluciones que respeten las realidades locales y aprovechen la solidaridad regional. Para Barcellos, este es uno de los mayores logros del proyecto: crear una plataforma en la que los países aprendan unos de otros y construyan juntos su resiliencia. 

Participación local y camino a seguir 

Uno de los principios rectores del proyecto es la participación local. Barcellos insiste en que la sostenibilidad depende de escuchar a las comunidades e involucrarlas en la toma de decisiones. «A menudo llegamos con ideas preconcebidas», admite, «pero las personas sobre el terreno tienen prioridades diferentes». En la Amazonía, por ejemplo, los residentes alertaron a los investigadores sobre la creciente importancia de la enfermedad de Chagas y su vínculo con la producción de açaí. El reto es delicado: proteger a los trabajadores y a los consumidores sin socavar una actividad económica que es vital para la región. Este diálogo entre la ciencia y la sociedad es la verdadera «coproducción» para Barcellos, un proceso en el que las soluciones se construyen de forma colaborativa en lugar de imponerse desde fuera.  

La entrevista completa (en portugués) está disponible aquí.

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