En Argentina, el avance de los biocombustibles se liga con una decisión política reciente que hace obligatorio su uso, en un corte de 5 % de biodiesel con gasoil y 5 % de bioetanol con nafta a partir de 2010. A la vez, se establecen las normas correspondientes para su producción. Éstas pretenden favorecer al pequeño productor y el desarrollo de regiones de menor actividad agrícola. Sin embargo los biocombustibles no se han cons-tituido aún como fuente de energía en este país ni tampoco aparecen como vector de desarrollo territorial. El grueso de la producción actual de biocombustible lo constituye el biodiesel elaborado a partir de soja por grandes aceiteras, que encuentran en él una oportunidad de agregar valor a su producción y aumentar sus ingresos al exportarlo. La situación ilustra la falta de compromiso de las instituciones argentinas para cambiar los modelos energético hidrocarburífero y productivo agroexportador y revertir la inequidad en los procesos de desarrollo territorial.